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Bautismo en Puente Grande

La paz del Señor sea con todos mis hermanos en Cristo Jesús.

Quiero platicarles en breve algo de lo que ha pasado en mi vida.

Al crecer yo pasaba el tiempo divirtiéndome y “gozando” de la vida, mientras mi madre se preocupaba y desvelaba esperándome. De manera repentina me mi involucrado en un homicidio, lo cual hice bajo los efectos de la droga. Después ya no supe de mí, porque mi vida se convirtió en una pesadilla.

Viviendo en una oscuridad total, terminé por perder a mi familia, por mi forma tan errónea de vivir.

Cuando me detuvieron y me trajeron al Penal de Puente Grande fue peor, porque caí en un remolino de sentimientos que me arrastró hasta el fondo. Desesperado busqué escapara por la puerta falsa porque para mí se había se había perdido el valor el sabor de la vida desde mucho tiempo atrás. Recuerdo que me quedaba tirado en las banquetas por los efectos de las drogas. En ocasiones tuve que robar para poder conseguir mas droga.

A los 51 años de edad, creí que después de haber vivido una vida tan triste, moriría en prisión, triste, solo, olvidado y lo peor, sin familia.

Un buen día, un amigo de mi celda que es hermano, me invitó a escuchar la palabra de Dios, y me dijo que Cristo podía darme la libertad y la paz que tanto necesitaba. Yo no dije nada, sólo pensé, si Cristo me sacara de esta cárcel ¿Qué haría en la calle?... y mi amigo siguió hablándome y me dijo que yo estaba preso en 2 formas: una en lo material y otra en lo espiritual. Que yo estaba muerto y en la oscuridad, pero que yo no lo sabía porque había mucha oscuridad en mi vida.

A mi me pareció que aquel amigo estaba delirando y en mi interior me burlé de él. Hasta que llego un día en que sentí un dolor en mi pecho, sentía muchas ganas de llorar desde muy adentro, como si mi alma estuviera hambrienta de escuchar las maravillas de Dios, y fui al lugar donde se reúnen los hermanos y recordé que el amigo de mi celda me dijo un día- “vamos a la oración”- y fue lo que yo me dije: voy a ir a la oración.

Cuando llegué al lugar de la oración, mi corazón se aceleró y doble mis rodillas y sollozando me alegré porque sentí un descanso, como que si todo lo que yo venía cargando en mi espalda me lo estuvieran sosteniendo.

Enseguida los hermanos me predicaron de Cristo, de cómo nuestro Dios amó tanto al mundo que envió a su hijo Jesucristo para que todo aquel que en el cree, no se pierda sino tenga vida eterna. Y cuando escuché que hoy en día hay sobre la tierra un Apóstol de Jesucristo, predicando el evangelio del Señor, me alegré en gran manera, porque para mí fue una noticia que cambió mi vida totalmente. Porque así como Abraham, Moisés, Eliseo, Elías y tantos hombres de Dios, por los cuales El mostró infinidad de maravillas, hoy por medio de su Apóstol sigue mostrando nuestro Dios su grande amor a la humanidad.

Ahora he sido bautizado en el nombre de Jesucristo y vivo feliz porque mis pecados han sido perdonados, gracias sean dadas a mi Dios. Así como aquellos hombres que narra la palabra de Dios en Hechos 2:38 “arrepentíos y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo y recibiréis el perdón de pecados”. Ellos creian que tal vez no habría perdón para su acción, por haber crucificado al Hijo de Dios porque no todo mundo creyó en nuestro Señor Jesucristo, narra la palabra de Dios que eran como ciento veinte personas en número las que quedaron firmes y servían a Dios; así hoy en día las personas no creen que exista un Apóstol de Jesucristo, considerando que durante mucho tiempo no hubo profetas en la tierra.

Ahora que Cristo me ha dado la libertad espiritual, veo la vida diferente, aprecio todas las maravillas de nuestro Dios ha creado, admiro los árboles, los pájaros, los cerros, lo animales, en fin, todo me parece nuevo, como si nunca los hubiese visto.

Es increíble como yo siendo una persona entregada a la violencia y a una vida desenfrenada hoy le doy gracias a Dios porque me trajo a esta bendita cárcel, no como decía antes maldita cárcel sino mas bien bendita cárcel porque en porque en este lugar fue donde encontré el camino de la salvación para mi alma. Por hoy no quiero hablar de mi vida personal. Sólo quiero decir que estoy vivo y muy agradecido con nuestro Dios y con su Apóstol.

Dios les bendiga.

Hno. Gumersindo Valdez T. Penal de Puente Grande.

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